#LibroDelViernes: Tratado sobre el gobierno de los príncipes (De Regimine Principum) (Santo Tomás de Aquino, 1267)
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El Tratado sobre el gobierno de los príncipes (De Regimine Principum), atribuido a Santo Tomás de Aquino y comenzado hacia 1267, es una obra fundamental del pensamiento político medieval cristiano. Escrita en el contexto del auge de las monarquías europeas y del redescubrimiento de Aristóteles, la obra busca ofrecer una guía racional y moral para el buen gobierno, integrando la filosofía clásica con la teología cristiana.
El tratado parte de una preocupación central: cómo debe gobernar un príncipe para conducir a la comunidad política hacia su fin propio, que no es solo la paz o la prosperidad material, sino el bien común entendido en sentido pleno, es decir, compatible con la ley natural y orientado, en última instancia, al fin último del ser humano. Aunque la obra quedó inconclusa, su contenido ha tenido una influencia duradera en la teoría política occidental.
A continuación, resumiremos el libro en cuatro grandes puntos: El origen natural de la comunidad política y del gobierno, El bien común como fin supremo del gobierno, La monarquía como la forma de gobierno más perfecta, La relación entre ley, virtud y autoridad política:
El origen natural de la comunidad política y del gobierno
Santo Tomás sostiene que la vida política es natural al ser humano, siguiendo la tradición aristotélica. Los hombres no pueden alcanzar por sí solos una vida plena y virtuosa, por lo que necesitan vivir en comunidad. De esta necesidad surge el gobierno como principio de orden, encargado de coordinar las acciones individuales hacia un fin común. Así como el cuerpo necesita un alma que lo dirija, la comunidad política requiere una autoridad que la conduzca. El gobierno no es, por tanto, un mal necesario ni una imposición artificial, sino una institución legítima cuando cumple su función natural de ordenar la vida social.
El bien común como fin supremo del gobierno
El eje normativo del tratado es el bien común. Para Santo Tomás, gobernar no significa satisfacer intereses particulares ni asegurar el poder del gobernante, sino promover las condiciones que permitan a la comunidad vivir bien y virtuosamente. El bien común es superior al bien individual, no porque anule a la persona, sino porque lo perfecciona. Un gobierno es justo en la medida en que orienta sus decisiones a este fin; cuando se desvía hacia el beneficio privado del gobernante, degenera en tiranía. Esta concepción introduce un criterio ético claro para juzgar la legitimidad del poder político.
La monarquía como la forma de gobierno más perfecta
Santo Tomás defiende la monarquía como la mejor forma de gobierno, siempre que sea justa. Su argumento principal es la unidad: así como un solo timonel dirige mejor una nave, un solo gobernante puede conducir con mayor eficacia a la comunidad hacia el bien común. No obstante, esta defensa no es incondicional. El autor advierte del peligro de la tiranía y subraya que la monarquía solo es superior cuando el príncipe gobierna conforme a la ley y la razón. En este sentido, su propuesta puede entenderse como una monarquía limitada por principios morales y por la orientación al bien común.
La relación entre ley, virtud y autoridad política
El tratado subraya que el buen gobierno no depende solo de estructuras políticas, sino del carácter moral del gobernante. El príncipe debe ser virtuoso, prudente y justo, ya que su ejemplo tiene un efecto pedagógico sobre la comunidad. La ley es un instrumento esencial del gobierno, pero debe ser expresión de la razón ordenada al bien común. Además, Santo Tomás establece una jerarquía entre la ley humana, la ley natural y la ley divina, afirmando que ninguna autoridad política es legítima si contradice el orden moral superior. De este modo, el poder político queda subordinado a la ética y, en última instancia, a Dios.


