4 Comentarios
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Avatar de Roberto

Muy interesante 😃. Lo incluimos en el diario 📰 de Substack en español?

Avatar de La política, en borrador

Excelente

Avatar de Mi jardín digital

Me parece que el autor trata de demostrar cosas que ya presupone.

Y como progre habla de derecha 'radical', 'ultra'derecha. O de cárceles 'distópicas'.

No se dejen engañar. Parte de ideas preconcebidas y desde ahí, mucha falacia.

Avatar de Gonzalo Martin

Siento, personalmente, mucha perplejidad con la forma en que se construye la crítica a los movimientos de esta derecha alternativa, radicalizada y parafascista. En general, como en la argumentación que se hace aquí sobre lo "woke" y a pesar de las advertencias del modelo chino (que no creo que sea "woke" sino totalitario a secas, sin apellidos ni aspirinas), son una forma de salvar (reciclar, justificar, renovar y hasta lavar) unos postulados que esconden formas y promesas del comunismo histórico (sí, dije la palabra maldita) bajo el manto de un paraíso prometido ("soy progresista" y me basta con enunciarlo para ser salvado del fin del mundo que llega): cuando Milei dice que la "justicia social es una mierda", dice algo con más calado que la extravagancia de un candidato que tiene la rara habilidad de simplificar los mensajes para abordar problemas complejos. Hay mucha investigación económica sobre cómo las políticas de buenas intenciones (ideológicas, intervencionistas) terminan no sólo no resolviendo problemas, sino enquistándolos: véase la muy progresista explicación de la política de vivienda española y su fracaso absoluto. Al final, muchos fenómenos económicos son contraintuitivos y cuando parece que hacemos el bien (¡control de precios!, que lo hacía hasta la Falange) en realidad dañamos al más pobre. En la comunicación mainstream un VOX o un Orban siempre llevan el apellido de "ultraderecha", pero raramente decimos de Podemos "ultraizquierda". Esas inclinaciones fascistas ahora no tienen ni uniformes ni desfiles. Pero los partidos comunistas se quitaron el color rojo, son verdes y morados, no tienen expresiones gruesas para tomar el Palacio de Invierno, pero fueron felices con el "exprópiese" de Chávez y hacen piruetas conversacionales (no las voy a llamar intelectuales, porque escuchar la forma de argumentar de Yolanda Díaz, que representa el progresismo realmente existente, no permite demasiado) para decir lo mismo repleto de argumentos muy de ciudadanos del primer mundo que creen que con una ley se arregla todo lo complejo (malo, extraño, inesperado) de la naturaleza humana. El votante de De la Espriella en Colombia ha sido calificado de votante con rabia: es cierto que ese votante medio ha consumido inexactitudes y mentiras, pero también es cierto que ha votado aterrorizado por lo que Petro ha sugerido y el conocimiento de primera mano del derrumbe de Venezuela: la clase media, más baja y no tan media de Venezuela caminando a pie desde la frontera con billetes sin valor y habiendo perdido todo. Los ricos se fueron en avión. La conclusión: la crítica a estos nuevos fascismos (empleamos términos históricos que, en mi opinión, no ayudan a entender, si comparo a Benito Mussolini con Abascal, no me sale el retrato) que lo que son, opino, son antidemócratas y totalitarios, pretende ignorar el propio papel de las políticas "progresistas", estatistas e idealistas de la propia izquierda en el atractivo por romperlo todo, incluso lo que funciona. Y la sensación de que la mejor promesa de ese estado protector es para quienes viven de ella, políticos y empresarios conectados. Nada como el desamparo del ciudadano de a pie frente a la declaración de la renta (que no entiende, que no sabe hacer, que no le pueden ni explicar porque el reglamento tiene más de mil páginas), que no entiende por qué no puede conseguir cita para que le renueven el carné de identidad o que llame para una prueba médica y le digan que su colonoscopia urgente es dentro de ocho meses ("oiga, ¿y si me he muerto?") como para entender el desencanto. Pero el argumento idealista es siempre la falta de dinero, la decidida conspiración del capital para desmantelar el servicio público y cualquier otro impedimento que no sean los límites de la competencia estatal. Thatcher y Reagan crearon un movimiento que generó muchas políticas que... terminaron en nada: pasada la sacudida, poco quedó. Y ahí tenemos a Telefonica otra vez en manos del estado sin que pueda saberse qué diferencia tiene con la anterior. Cuya decadencia era evidente. Pero hay más políticos o individuos cercanos a políticos viviendo de ella con excelentes sueldos. Curiosamente, con otro color político en el poder, el presidente de la susodicha llenaba su planta noble de apellidos y expolíticos de ese otro color. Ahora examinemos el origen de la rabia.